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Fargo: Un festín de carisma

Las series tienen ese plus de aparecer “tímidamente” en tu vida como una historia que se toma su tiempo en mostrarse, en delatarse frente al otro. Algunas desaparecen, pero otras vuelven, y año tras año te acompañan en una cirscuntancia distinta, cuestión que genera un lazo de forma inconsciente.

Ya, ya, Lorne, si era una introducción, ahora vamos al comentario de Fargo

Casi ocho años de Mad Men en nuestras vidas. Hay temporadas que puedo fácilmente contextualizarlas bajo mi estado de ánimo, trabajo y proyecciones. Escapando al doloroso final de la serie de Don Draper y demases, me puse a picotear otras series, entre ellas: Fargo (gracias @boredpassenger y @lapsusgiseldis por insistir :D).

Fargo es una serie de televisión dirigida por Noah Hawley, y “basada” en la película que estrenaron los Hermanos Coen en 1996, actuada por el talentosísimo Steve Buscemi. El “basada” suma comillas ya que no es una copia, ni es un remake hecho serie, sino que toma múltiples elementos — que se conectan a medida que avanza la serie –, y los desarrolla casi como un universo Fargo, todo dialoga en un mismo espacio.

MOLLY, ES LA MÁS BACÁN, LA MÁS INTELIGENTE.

La serie cuenta con capítulos extensos, y es un popurrí de humor negro y violencia. Ridícula a un punto increíblemente genial en otro. Martin Freeman interpreta a Lester Nygaard, un tipo que toda su vida ha sufrido de bullying, sumiso, tímido y sin carácter, presentado con un lenguaje que agobia y potencia su estado de debilidad (además de sacarle partido a la pequeñez de Freeman y su adorabilidad de Watson), Lester conoce a Lorne Malvo, un sicario o asesino a sueldo, bajo un contexto confuso (como todo en Lester) y desde ahí todo se mezcla rápidamente terminando en el caos absoluto.

Ay, Lester

La fotografía de esta serie, que caería en género policíaco, es tan perfecta que muchas veces tuve el impulso de pausarla, sacar un screenshot, colgarlo en mi casa y observar la composición boquiabierta. La temperatura color, fría en este caso, potencia y entrega una continuidad narrativa que aunque no existiese diálogo yo entendería de inmediato que se trata de la misma historia. Existe una propuesta visual, tomas, cortes y riesgos, que últimamente sólo he visto con el trabajo de Vince Gilligan, y se agradece infinitamente.

¿Y los personajes, los personajes qué?

Bajo un contexto de humor negro, acá perfilan a los personajes como si hasta el más secundario de ellos significase una temporada completa. Entregándoles carácter, personalidad y diálogos que incluso llegan a bordear lo ridículo, pero es esa la apuesta que hace finalmente que cada “nuevo personaje” que introduzcan sea fácilmente recordable o incluso cosplayable (POR FAVOR, ALGUIEN QUE SE ANIME A HACER GENDER BENDER DE MR. WRENCH Y MR. NUMBERS).

Mr. Numbers & Mr. Wrench

El carisma, tanto de los villanos como de los buenos, es uno de los factores que más agradecí y disfruté en Fargo. Es de una construcción admirable, la comparativa — y forma en que se conciben — me recordó a los personajes de Snatch o a los de Reservoir Dogs. Lindos y violentos ejemplos.

Y finalizando con todos mis elogios, la música, la música aquí suma y entrega un dinamismo muy particular a la serie. La vuelve tensa, la vuelve ridícula. La vuelve rápida.

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