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Especial Mad Men #2: Peggy Olson

No sabía como continuar mi “especial” de Mad Men, son tantos temas que simplemente no puedo acotarlo a un sólo post. No le hace el peso. Entonces me dije, ¿Por qué no hablar de uno de mis personajes más favoritos? Mi querida Peggy Olson. La tímida secretaria que comenzó sin siquiera manipular bien una máquina de escribir y se transformó en uno de los personajes más relevantes y fuertes de toda la serie.

Peggy llegó a Sterling Cooper para ser la secretaria de Don Draper. Una chica inocente, impresionable, y totalmente “nueva” en esto de la publicidad. Desde ese primer momento, conecté con ella. Se inserta en un ambiente que es mayoritariamente de hombres, y bueno, el “contexto” déjenme decirles no cambia mucho en las actuales oficinas, independiente que no sean de publicidad, hay constantemente un día a día que sin duda Peggy fue resolviendo lo mejor posible, lo cual la hizo crecer, potenciar su carácter, sus metas y lidiar también con sus debilidades.

Don ve en ella un potencial, y le entrega la oportunidad. La oportunidad de ser más que una secretaria y sentarse en la mesa de las ideas, junto a los hombres. Redactora creativa, y obvio, hoy por hoy quizás es algo posiblemente bastante normal, pero en los años 60/70 aquella decisión era una locura, la cual sacó a Pete enojado de la oficina. Peggy veía la primera oportunidad de miles de desafíos que presentaría a lo largo de estas 6 temporadas.

La relación con Don se retro-alimentó como de mentor a pupila. Es una de las relaciones más increíbles de la serie, la cual resume quizás la esencia misma de Mad Men, hay capítulos que con sólo miradas comprendemos qué está pasando. Don de cierta forma cree y confía en Peggy, la deja entrar en ese espacio impenetrable para muchos, su ser real, ese decadente, desconsolado, que se equivoca, que se deprime, que simplemente no tiene idea donde está ubicado. Peggy traspasó al “personaje” de Don, y pudo verlo tal como era. Astuta, absorbió todos los conocimientos posibles. Cada día era un periodo de prueba, de validación y de ganar un poco más de espacio en el mundo en general.

Me encanta que podamos verla fracasar, decaer, cometer errores, ser ella misma. Su relación con su religiosa familia, el extrañísimo diálogo que tiene con Don cuando este va a verla al hospital, el sentirse viva, la relación con Joan, cada uno de esos detalles la alimentan a ser más real, y menos idealización como estaríamos acostumbrados en una serie más tradicional, donde la mujer ruda es siempre perfecta, siempre badass, siempre con la mejor idea. Acá hay una línea transversal a las metas de Peggy, su crecer como persona es más cercano a cualquier otro proceso (que tú yo o cualquiera estuviese pasando).

A medida que avanzan las temporadas, presenciamos cómo Peggy se hace espacio en la agencia, toma decisiones, convive con sus pares, la vemos manejando un equipo, siendo joven, poderosa, inteligente y asertiva. Anteponiéndose a las estrategias de cómo funcionan las ideas, cómo hace su trabajo, y entregándose el mérito de que, vaya, es realmente buena. En unos capítulos colapsa a Don por un aumento de sueldo, por una cuenta en específica o por una oficina, cada logro no es algo que podemos dejar pasar, cada logro es completamente transmisible al 2013, en absolutamente cualquier contexto laboral.

En muchos blogs comentan que Peggy se vuelve más Don, y sí, puede ser verdad, con éxito pero desestimando sus vínculos amorosos reales, no logra conectar (M. Weiner acá hay un strike para varias de nosotras). Y ahora, enamorada de Ted, su también (pero idealizado) jefe — el antónimo de Draper –, pucha Peggy ¿cómo no empatizar más contigo?.

El final de temporada es tan intenso, tan dramático, tan poderoso. Que me hace sentir un orgullo enorme de Peggy, en ella de todas formas hay una Carolina (quizás, recién en la segunda o tercera temporada) la cual aún no “encaja” en el perfil de cómo será el resto de su vida (¿han notado eso? ¿cuando se hace click y simplemente se sabe que así se será toda la vida?), aún estamos en el vaivén constante, aprendiendo.

Gracias Peggy, gracias por exaltarte y reflexionar acerca de miles de cosas que entorpecían tu camino por el simplemente hecho de ser una chica, gracias por enfocarte en el trabajo, y por descubrir tus propios vértigos.

Gracias por representar la mirada sensible pero tenaz acerca de la publicidad y de la vida. Nos acerca. Nos representa.

Les recomiendo también este artículo, es muy puntual acerca del episodio de Ann-Margret.

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