Cine

Quiero ser como Gosling

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Anoche vi ‘Drive’, una película que se estrenó el año pasado. Dirigida por Nicolas Winding Refn y basada en el libro ‘Drive’ de James Sallis (2005). Le había echado el ojo apenas salió, principalmente porque salía uno de mis actores favoritos del cual estoy profundamente enamorada: Ryan Gosling. Pero los videojuegos, la vida freelance y la locura, me hicieron postergarla infinitamente hasta ayer.

El reparto está cuidadosamente elegido, Gosling, Carey Mulligan y el CASI-DIOS (digo casi porque Morgan Freeman es el DIOS) Bryan Cranston. Lejos de contarles de que trata, porque eso perfectamente lo pueden googlear, para mi la película fue una experiencia mixta, un viaje. Digo mixta, porque es un fragmento vacío de la típica película indie hermosamente construída pero que está estrechamente compenetrada con el guión más clásico del cine. El anti-héroe, la mafia, la chica, la historia de amor, las palabras que no se pronunciaron, las cosas que no quedaron claras, el abismo del pasado, la escena pretenciosamente lenta y esa historia que acaba de golpe. Como la vida misma.

Pero lejos de engrupirme con esa parte, es empatizar con él quizás y dejarse coquetear por la sutileza de las tomas contrarrestradas por escenas de abundante violencia. La historia no es nueva, claro que no, pero la narración te hace apreciarla de un modo más cercano. La tipografía de la película me recordaba al GTA Vice City, ondero. El tipo es ondero, es cool, todos queremos ser como él. Quiero hacer una película de mafia con los clichés bien puestos,  y cuando digo BIEN puestos me refiero a Drive.

La fotografía inspira, es moderna. Está ahí. No pretende nada más. Se compone por sí sola, no es una película de cine arte, ni tampoco una mierdita del sundance con una carátula dibujada. Drive es una película violenta narrada como un susurro.

El conductor maneja. Y sabemos porqué maneja, qué le satisface a él manejar. Algo que muchos de ustedes pueden comparar con sus vidas diarias, ese ejercicio que no necesita ser gritado, pero que libera, que tranquiliza, que sacrifica y cura.

Pero lejos, lejos, lejos… EL OST ES INCREÍBLE. A cargo de Cliff Martinez, Desire y el ondero Kavinsky. Esta canción me enamoró:

Como una catarsis, ahora yo soy el conductor.

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