Cine, Personal

Algunas palabras sobre Interstellar

Siempre menciono fragmentos de la adolescencia porque creo que es la etapa más fascinante/difícil de todas. Me gustaba ir al cine. Muchísimo. Iba sola, con amigas, me colaba a extrañísimos ciclos de cine arte, antecedentes que sin duda formaron a la Carolina que tomó la decisión de estudiar fotografía más tarde. Sin embargo, hay momentos que atesoro — extrañamente — como si fuesen hitos familiares.

Me gané entradas para Tarnation gracias al programa Séptimo Vicio. Estaba en el colegio, la función en el Cine Arte Alameda empezaba a las 23:00 hrs, nicagando’ me dejarían ir. Mentí que iba con amigas. Tarnation es una película tan íntima y tan poderosa para una niña de 15 años, que fue como que me hubiesen zamarreado diciéndome: “tus problemas, tus malditos problemas no son tan graves como estos”.

Me fui en silencio a mi casa. Era tarde y llegué en la madrugada (vivo en Puente Alto). Me acosté sin dejar de sentir como el pecho se me apretaba, sabía que era un día que jamás olvidaría. No lo hice.

Asumo que ese es el sentimiento del que hablan cuando “el arte te llega”, o el cliché del que se refieren a la hora de apreciar una obra. Es indescriptible. Solamente penetra y alcanza una fibra que dejaste colgando por ahí, se aferra a ella haciendo contacto.

Interstellar fue amada y criticada por muchas personas. La polaridad de las opiniones eran impresionantes. Y estuve de acuerdo con muchas de ellas, a nivel narrativo y de guión al menos, pero ¿Qué pasa con esta película?

Esto no es un review, no es una crítica, ni menos un texto científico.

Pensé “otro film sobre el universo”, desmereciendo absolutamente que en sí, yo no conozco el universo y probablemente nunca lo haga, con la arrogancia tal de una terrestre observé la primera hora asumiendo cada acto y comprendiéndolo como predecible, sin embargo, no lo fue, no lo fue para nada.

Cuando la magnitud abruma y nos entrega silencios, paisajes y pequeños detalles que te hacen abrir los ojos con la intención de no perderte ningún fragmento del extendido rectángulo de la pantalla es porque te contienen por completo. En ese punto, los “peros” del guión me dieron prácticamente lo mismo, yo sólo estaba digiriendo la película, asimilándola con el corazón.

Lloré con hipo, me acosté y seguía pensando al respecto, tratando de atesorar las imágenes en mi cabeza y entendiendo qué acababa de ver.

Hace tanto tiempo que no me pasaba, hace tanto tiempo, que me molesté por mi falta de crítica, pero luego me sentí dichosa de haber podido vivir la experiencia nuevamente.

Es como una carga de motivación o una catarsis de eso inexplicable.

A veces cuesta recordar dónde partimos, sin embargo, cuando lenguajes externos logran tomarnos y llevarnos al punto de inicio, puede doler, puede resultar confuso, pero hay que abrazar la posibilidad de que están refrescándonos con ello.

Lo agradezco inmensamente. Gracias hermanos Nolan.

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  • «Alexander»

    Pedazo de película, no le tenía fe, pero terminé con el snack y a punto de ir a buscar pañuelos :/