Personal, Videojuegos

23 años de personajes

Me creía los personajes más extrovertidos, ese que alza el dedo y le grita a todos con un japonés irritante que sabe la respuesta y bueno, al resto sólo le queda admirarlo por su magnetismo y lucidez. Esos era yo, el asertivo, el capaz de resolver un crimen con tan pocas pistas que lidiaba con lo sobrenatural. Me rayaba los nombres en los brazos, me creaba un mail con el alias del momento, y así estábamos, creyéndonos el boceto más extraordinario.

Nos cuesta hacer amigos, traspasar esa línea invisible de la buena onda — pero rígida igual –, y poder relajarse, reír, sentir empatía y soltura para poder generar los lazos que, me perdonan el cliché, nos mantienen fuertes y creativos.

Entonces aparecen esos personajes de videojuegos, implacables, con defectos tan encandilantes que el mundo de la narración se vuelve algo excesivo, burdo de perfección. Con los ojos brillosos frente a la pantalla, y una boca sin cerrar  pensamos en qué gratuito es todo esto, yo tomé la decisión, yo soy el puto héroe con suerte, y que si mi destino se resume alzando una moneda y aún así lo entrego todo por a veces NADA, lo acepto, es ahí, cuando la seguridad de forma pasiva se traspasa de la pantalla, a un montón de decisiones que tengo que tomar en la vida real.

Si no es eso el mejor legado de los videojuegos, en realidad, no sé qué podría serlo.

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  • Angel

    Que genial, mi favorito :) el legado, toda la razón.